Con dos goles de Diego Buonanote (el segundo tras una brillante jugada de Ariel Ortega), el conjunto de Diego Simeone se impuso 2 a 1 ante Olimpo. Estudiantes no pudo con Colón

C.A. River Plate

River le ganó 2 1 a Oimpo de Bahía Blanca en el Monumental y con este resultado, más el hecho de que Estudiantes no haya podido ganarle a Colón, con el que igualó 0 a 0 en La Plata, se consagró como vencedor del Torneo Clausura 2008.

Josemir Lujambio hizo el único tanto de los bahienses, a los 20 minutos del segundo tiempo, y puso de esa manera un empate transitorio.

El equipo de Núñez salió a buscar el resultado que necesitaba ante un conjunto visitante que se plantó como pudo, teniendo en cuenta su bajo promedio y que enfrenta al máximo candidato al título, que por su peso específico consiguió el primer gol.

Diego Barrado, con pasado riverplatense, cometió una falta sin sentido cerca del área de Olimpo. Matías Abelairas se hizo cargo de esa pelota parada y la cedió rápidamente para Diego Buonanotte,quizás la figura de este River, para que defina abajo, con categoría, y vulnerar la resistencia del arquero José Ramírez.

La movilidad de Ariel Ortega y la pelota detenida de Abelairas abastecieron a los laterales Paulo Ferrari y Cristian Villagra, que tiraron centros para Radamel Falcao y Sebastián Abreu, que desperdiciaron chances increíbles para aumentar la ventaja.

River fue el protagonista en el primer tiempo, incluso generó peligro para su propio arco con desinteligencias de sus defensores, pero Mauro Olivi y Josemir Lujambio no tienen una buena tarde.

Formaciones iniciales:
River Plate: Juan Pablo Carrizo; Paulo Ferrari, Danilo Gerlo o Eduardo Tuzzio, Gustavo Cabral y Cristian Villagra; Oscar Ahumada y Matías Abelairas; Ariel Ortega, Radamel Falcao y Diego Buonanotte; Sebastián Abreu. DT: Diego Simeone.

Olimpo: José Ramírez; Jorge Martínez, Matías Villavicencio, Federico Mancinelli y Cristian Tavio; Diego Barrado, Marcelo Peruggini, Gustavo Pinto y Leandro González; Jossemir Lujambio y Mauro Olivi. DT: Daniel Florit.

Arbitro: Javier Collado. Cancha: River. Hora de inicio: 16:20.

Fuente: Olé

Con un golazo de Villagra y otro de Alexis, River le sacó dos puntos a Estudiantes con seis en juego. En el plantel lo festejaron a morir y el volante central hasta le puso porcentaje.

C.A. River Plate

Sostiene la fábula futbolera que en esta cancha se entierran elefantes. Puede ser. Pero ayer resucitó un mamífero que estaba dormido, deprimido, golpeado y acostumbrado a vivir lejos del hábitat de su gloria. Es River. Es esa camiseta con banda roja que destila la emoción de Ortega. Es ese grupo que se junta en la mitad del campo para desahogar tensiones tras la proeza con un tipo menos. Es Diego Simeone, a medio paso de ingresar en la historia del club. Y es Oscar Ahumada que, no hace falta aclararlo, dice lo que siente. Y siente que “se logró el 80% del título”. Todo eso es River en esta Santa Fe. Santa Fe, sí, nombre para traducir lo que se observa en el césped. Se ve al equipo mucho más unido que en todos los vaivenes del torneo, a un Carrizo que había arengado con un golpe en el pecho a varios laderos, a un Ortega que no deja la cancha corriendo para evitar el saludo ajeno, a un Abelairas que se besa el escudito, a una hinchada que devuelve ilusiones y a un Cholo que rebalsa dentro de ese traje negro.

Hay que detenerse en ese Simeone espontáneo. En el fragor del triunfo no esconde nada. Salta. Le reclama histriónicamente a Pezzotta. Sufre. Mira a la hinchada para pedir más aliento. Hace parar a todo el banco para abreviar el tiempo de descuento. Y llega al final con una imagen muy suya: las piernas flexionadas, el cuerpo inclinado hacia atrás, el inflador anímico en sus brazos y el “vamos, carajo”. Puro chuchillo entre los dientes.

Si en el campo manda la exasperación y el combustible moral, al entrar al vestuario se impone la bajada de línea simeonista: “Vamos día a día”. Es, por ahora, una remake del famoso paso a paso. Los jugadores se bañan en la mesura y, tras las duchas, bajan decibeles de euforia. “Hoy nos encontramos más cerca de algo muy lindo”, afirma Ponzio. Lo apoya tímidamente Villagra con el remanido “aún no ganamos nada”. En ese tono habla Simeone, distinto al que pocas horas antes desafió discursivamente al mismísimo Ramón (”mis hijos juegan en el club pero quédense tranquilos porque nos los voy a poner en Primera”). Pero aparece Ahumada para romper el molde: “Se avanzó mucho”, dice antes de ponerle porcentaje al título.

¿Cuál es el índice de este triunfo en función del campeonato? ¿Cómo medir el metraje que resta para la vuelta? ¿Se llegó al 80%? Lo concreto es que el propio Ahumada, más jugador que declarante, aportó aproximadamente un 10% en esta vaquita hacia el éxito. Ortega se prendió con un número similar. También pusieron su diezmo Ferrari, Villagra, el Enano, Cabral, Carrizo, Gerlo… En suma, todos los que lograron llevar a River a las puertas del título. Esa puerta que abrió esperanzas. Pasaron cuatro años desde el lejano Clausura 2004. Exactamente, 1.437 días. Una eternidad para estos tiempos.

Por eso se procesa con la intensidad de las cosas que ameritan sacrificio. Por eso lo festejan desde el Astrada que comandó al último título hasta Maxi y Wanda, flamante matrimonio millonario. Sobran motivos. Este River zafó del coma del superclásico y la Copa, de los problemas internos, de la crisis con el hincha. Los jugadores se volvieron a abrazar. Falta, es cierto. Pero menos.

Fuente: Olé

Dios está en todas partes, dicen, pero ¿atiende en Boedo? Parece, porque en el Monumental se vivió algo de no creer. River ganaba cómodo 2 a 0, con muchísima ventaja por las expulsiones de Rivero y Botinelli. La clasificación a los cuartos estaba en el bolsillo, hasta que Bergessio clavó dos goles y se vino el mundo abajo en las tribunas locales. La Liga de Quito es el próximo rival del equipo de Ramón.

C.A. San Lorenzo de Almagro

Nervios y más nervios abundaron en la previa a esta revancha por los octavos de final. La derrota en el Superclásico había dejado a River más necesitado que a San Lorenzo. Es que si bien el gran objetivo que se trazó el equipo de Ramón Díaz en el inicio del semestre fue levantar la Copa Libertadores, el clima en Núñez cambió bruscamente en la última semana tras las caídas en el Nuevo Gasómetro y en la Bombonera, y el ciclo Simeone tuvo que superar las primeras piedras en un camino que, hasta ahí, venía despejado.

Simeone decidió cambiar el planteo que tan mal resultado le dio en la Bombonera y dispuso un 4-4-2 más clásico. Así, dejó afuera a Ortega, Alexis Sánchez y Rosales, y respecto al partido en el Nuevo Gasómetro mandó a la cancha a Buonanotte por Archubi. Por el lado del Ciclón, la cosa venía más tranquila porque más allá de que la victoria en la ida ya le daba cierto aire, la reacción en La Plata, frente a Gimnasia, que le permitó alcanzar a River y a Estudiantes en la punta del Clausura, significó el envión final para llegar de la mejor manera a la revancha. El panorama lucía más claro para Ramón Díaz, quien metió una sola variante en relación al primer chico: Bottinelli por Aguirre.

Y San Lorenzo arrancó mejor. Porque D’Alessandro se adueñó de la pelota y llevó a su equipo bien arriba y obligó a River a tener que acurrucarse cerca de Carrizo. Justamente el Cabezón fue el que tuvo la primera clara del partido, a los 7′, cuando a la salida de un córner sacó un remate muy potente a media altura que el arquero millonario logró rechazar. Hasta ahí todo se estaba dando como lo había imaginado Ramón.

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La derrota con Boca hizo resurgir un problema que afecta a River en los momentos calientes. El silencio del DT y los referentes es un síntoma más del vacío.Y no hay margen: el fuego sagrado debe aparecer el jueves. Sigue en la Copa o vuelven los fantasmas…?

C.A. River Plate

Las derrotas generan interrogantes. Y mucho más si se producen en instancias decisivas, calientes. Por eso, como sucede desde hace cuatro años en las caídas bruscas de River, aparecen las preguntas. ¿Hay líderes en este plantel? Tuzzio, Ortega, Abreu, Gerlo, Ferrari y Ponzio son referentes en el vestuario, ¿pero lo son adentro de la cancha? ¿Quién se plantó en la Bombonera para marcar el rumbo del equipo? ¿Alguien se hizo cargo de la pelota? ¿Por qué la autocrítica es tan light que ni siquiera Simeone, el conductor, hizo una charla grupal después de las dos derrotas seguidas?

El plantel de River intenta transmitir una imagen de entereza anímica para afrontar la revancha contra San Lorenzo por la Copa. Sin embargo, la “huída” en silencio de la Bombonera reflejó otro semblante. Los Comizzo, Berizzo, Astrada, Ameli o Gallardo enseguida ponían la cara y no tenían reparos en admitir que “fuimos un desastre”. En este grupo, el único que alguna vez empleó esas palabras es Ortega. Abreu, Ponzio y Ferrari generalmente toman la palabra, aunque en otro tono: tratando de rescatar aspectos positivos, con una autocrítica liviana. Este perfil, claro, queda en evidencia en situaciones como la derrota del domingo. ¿A ningún referente le preocupó que River haya llegado una sola vez al arco de Boca? Si a alguien le preocupó, no se notó. Ni en la cancha, ni afuera.

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De camisa blanca y corbata roja, el Virrey igual marcó de qué lado está en el Súper, dijo que ve bien al Boca de Ischia y apostó por su ex club en la Copa Libertadores.

Carlos Bianchi

Cuidadoso, detallista, siempre intuitivo hasta para descubrir el otro lado del flash, llamó la atención el look de Carlos Bianchi. No por la calidad de una vestimenta que siempre supo cuidar y lucir, sino por esa camisa blanca con corbata roja que el traje oscuro no logró disimular y que, por el contrario, la previa a un superclásico vino a resaltar. De todos modos, esa combinación que a La Volpe le costó más de un dolor de cabeza en su debut en Boca no le hará ni cosquillas al Virrey que, enseguida, dejó claro de qué lado está… “¿Cómo vivo ahora los clásicos? Tranquilamente (risas). Los veo como lo hace todo espectador, pero con una inclinación lógica por haber trabajado cinco años en un equipo”, dijo y, por si hacía falta, apostó por su ex club en la Copa: “Boca sigue siendo el candidato”.

Hacía mucho que Bianchi no hablaba públicamente. Y una nueva campaña de Nike fue la ocasión perfecta. Disfónico por ese frío que, según le confesó a Olé, lo agarró suelto de ropa al bajarse del auto y le hizo sentir que ya no había abrigo al que recurrir, el Virrey renovó sus viejos debates con el periodismo. Con la mano haciéndose visera por esas luces que lo apuntaban, individualizó a cada interlocutor, se quejó porque lo que él decía ya se transmitía en las radios (”Son rápidos, eh”), enfrentó las críticas a Ischia (”A veces son ustedes los que cuestionan de más, según cómo venga el circo”) y contratacó sin distinguir rival, como cuando JP Varsky, el conductor del evento, lo puso incómodo preguntándole sobre sus ganas de volver a trabajar: “Y yo pensé que no me ibas a hacer esa pregunta, pero sos igual a todos”, le dijo con una sonrisa socarrona y luego descartó la chance de ir al América.

–¿Cómo imagina que puede darse el clásico?

–Uno puede prepararlo, pero la primera acción puede cambiar la historia.

–¿Y usted ya puede leer eso apenas arranca?

–El otro día se me vinieron a la mente dos clásicos en los que terminaron siendo protagonistas jugadores que nunca iban a serlo. En el 2003, Boca pierde 1-0 con River, Salas se lesiona y ahí estuvo el negocio: porque entró Maxi López y la rompió. Y en ese mismo año, Iarley, un jugador que nunca había vivido un clásico de esa naturaleza, terminó siendo el mejor jugador y hasta marcó un gol en el partido que Boca gana 2-0 en el Monumental. ¿Y quién iba a pensar eso? Todo se puede preparar o imaginar, pero cómo va a salir, jamás se sabe.

–En lo que sigue, ¿cómo lo ve al Boca de Ischia?

–Lo veo bien, con todas las posibilidades. Sabe que con River debe sacar un resultado positivo para no despegarse y en la Copa viene de ganar un partido en el que pudo haber marcado más goles. Pero el primer partido hay que ganarlo siempre. Y lo hizo.

–¿Y cómo imagina el desenlace en la Copa?

–No me puedo contradecir con lo que dije hace un mes: el principal candidato sigue siendo Boca. Y hay equipos como San Pablo, River o un San Lorenzo que, ya lo comenté, está preparado para llegar a las últimas instancias pese a que algunos lo tomaron a mal y me dijeron que empezara a trabajar (respuesta a Ramón incluida). Todo está abierto, pero el favorito sigue siendo Boca.

Fuente: Olé

Ni paro agropecuario ni humo en Buenos Aires. Desde ayer, el tema será el duelo River vs. Ramón. Ninguno de los dos se quería enfrentar porque hay mucho en juego. Un choque que dejará heridos…

Ramón Díaz

De movida, es un choque demasiado grande, incómodo, estresante, que no admite otro mañana que ganar, para uno y para otro. Puede, inclusive, que haya dos vencidos y ningún vencedor: quien pierda quedará expuesto a conformarse con las migajas de un torneo local que, a esa altura, tendrá un sabor irremediablemente soso. Pero el que gane quizá se juegue el resto y termine agotado por la tensión y la euforia, festeje un campeonato sin vuelta olímpica, sin copa ni viaje a Japón, para ahogarse antes de llegar a la orilla. Es una final en la fecha cuatro, es invitar a una mina al telo antes de sacarle el teléfono, es jugarse el sueldo en la primera bola de la noche.

Es por todo esto que en River y en San Lorenzo los caprichos de los cruces de la Libertadores cayeron como una bomba. Ramón Díaz ni siquiera fue a entrenar ayer: es cierto que la coartada de una práctica liviana lo pone a resguardo, pero su ausencia ilustra la incomodidad con la que el Pelado enfrenta un duelo por el que hubiese dado todo por evitar. De hecho, en el pasado cercano abortó cualquier pregunta sobre un hipotético enfrentamiento con River, recurso que a partir de hoy le será imposible utilizar. Es un choque, además, en el que los fantasmas, los del pasado y los de hoy, tendrán un festín de 12 días, un manjar para los medios, para los diarios, las radios, para las mesas redondas de los programas deportivos de TV, que despellejan realidades en continuado. A parir de ahora, no más humo en Buenos Aires, ni paro agropecuario. Bienvenidos al partido perfecto.

¿Quién se juega más? ¿Quién sentirá más la presión del compromiso? ¿Quién podrá liberarse del deber ser para hacer lo que haya que hacer? ¿Quién podrá dormir en estos días (Díaz) locos, locos, locos?

Cuesta responder. En definitiva, tanto Ramón como River (porque de eso se trata, es más River vs. Ramón que River vs. San Lorenzo) apuestan todo el capital y más también. José María Aguilar se juega el resto de su gestión política. Así de simple. El, cuya primera medida de gobierno fue no renovar el contrato del Pelado, puede cerrar su ciclo con una derrota que marcará su administración. Perder con Ramón es hall seguro (la revancha es en el Monumental, el peor escenario para quedar eliminado), y esa caída arrastraría al pobre Simeone, con sus lindos trajes, su dieta a base de fruta y su esquema táctico innovador. Pero si gana, nadie le quitará al presidente el mérito paradójico de haber vencido el mito de invencibilidad de Pelado, podrá construir desde allí una realidad deportiva exitosa que lleve su nombre y no el de otro. Y al fin podrá darse el lujo de no llamarlo más cuando la crisis futbolística golpee otra vez su puerta, y se tomará revancha de ese coqueteo histérico que le hizo Ramón antes de quedarse en el Ciclón, que tuvo el inconfundible sabor de una afrenta.

Pero es probable que en estas horas nos encontremos con un Pelado Díaz menos locuaz, menos chispeante, menos ocurrente. Es posible que evite los títulos de los diarios que tantas veces buscó. No son horas fáciles para él. Por una vez, se encuentra en una encrucijada en la que tiene mucho que perder. Viene de esquivar con cintura una estocada a fondo de Marcelo Tinelli, nada menos, y sabe que una derrota viene con facturas que pagar. Tiene delante de sus narices el peso enorme del Centenario de San Lorenzo, los millones que gastaron en su nombre para traerle jugadores (entre ellos unos miles para los bolsillos de sus hijos), todo en un club que es mofa de tribunas rivales por aquello de que CASLA no quiere decir otra cosa que Club Argentino Sin Libertadores de América, un estigma que el ego de Ramón prometió derribar. Uy, uy, uy, uy, alguien aquí saldrá herido…

Fuente: Olé

C.A. River Plate

El equipo de Diego Simeone enfrenta a la Universidad San Martín de Porres desde las 21:30 en el estadio Monumental. Para clasificar a los octavos de final puede hasta perder por un gol.

River Plate buscará hoy asegurar su pase a los octavos de final de la Copa Libertadores de América, cuando enfrente, en el último partido de la fase clasificatoria, a la Universidad San Martín de Porres, de Perú. El encuentro se jugará en el estadio Monumental, a partir de las 21.30, con el arbitraje del colombiano Oscar Ruiz.

Para asegurarse un lugar en los octavos de final, River (9puntos, más un gol de diferencia) puede darse el lujo hasta de perder por un gol contra Universidad (6), pero para quedarse con el primer lugar del Grupo 5 deberá ganar y esperar lo que suceda en el estadio San Carlos de Apoquindo de Chile, con Universidad Católica (6) y América de México (9, más dos goles de diferencia).

Antes de iniciarse esta última fecha, los cuatro equipos tienen posibilidades matemáticas de pasar a la siguiente instancia, pero la lógica indica que debería suceder una verdadera catástrofe para que América y River no lleguen a octavos de final.

En lo que hace a River, el equipo argentino tiene un recuerdo bastante malo de la Universidad, ya que el equipo peruano dio una de las sorpresas de la Copa al derrotarlo en el partido de ida por 2 a 0.

El entrenador de River, Diego Simeone, no confirmó el equipo titular, pero se especula con que Paulo Ferrari ingresará por Sebastián Abreu, pasando Alexis Sánchez a jugar de punta junto al colombiano Radamel Falcao García.

Probables formaciones

River: Juan Pablo Carrizo; Paulo Ferrari, Gustavo Cabral, Eduardo Tuzzio, Cristian Villagra; Augusto Fernández, Oscar Ahumada, Matías Abelairas; Diego Buonanotte; Alexis Sánchez y Radamel Falcao García. Director técnico: Diego Simeone.

Universidad: Leao Butrón; Jorge Huamán, Bruno Bianchi, Orlando Contreras, Guillermo Salas; Alexander Sánchez, John Hinostroza, Edwin Pérez, Fernando Del Solar; Ronald Quinteros y Jair Céspedes. Director técnico: Víctor Rivera.

Arbitro: Oscar Ruiz (Colombia).
Estadio: River.

Fuente: Infobae

River Plate venció hoy en su estadio a Tigre por 1-0 y se mantiene líder solitario del torneo Clausura 2008 del fútbol argentino tras disputarse diez jornadas. Boca se impone ante Gimnasia en Jujuy. San Lorenzo y Estudiantes siguen la estela del líder

El tanto lo marcó el delantero colombiano Radamel Falcao García a los 50 minutos de un partido en el que fueron expulsados el centrocampista riverplatense Oscar Ahumada (m.55) y el defensa de Tigre Santiago Moreno (m.59).

El equipo que dirige Diego Simeone está invicto en la competición, con siete victorias y tres empates. Con este resultado, River Plate suma 24 puntos, cuatro más que Estudiantes, que está segundo y tiene pendiente 13 minutos de un encuentro en el que vencía por 1-2 ante Racing, suspendido a los 77 minutos por incidentes en las gradas, y que todo indica le darán por ganado.

El portero de River, Juan Pablo Carrizo, convertido en el mejor del fútbol argentino y candidato a la convocatoria del seleccionador argentino, Alfio Basile, para los próximos encuentros de las eliminatorias del Mundial de Sudáfrica 2010 ante Ecuador y Brasil, completó hoy 568 minutos sin que le marquen un gol.

San Lorenzo, con 18 puntos tras su victoria del sábado ante Rosario Central (3-1), también tiene un partido menos, que fue suspendido antes de su comienzo ante Vélez Sarsfield, por el asesinato de un hincha de este club en las cercanías del estadio azulgrana.

En su visita al extremo norte del país Boca Juniors derrotó con esfuerzo a Gimnasia y Esgrima de Jujuy por 1-2 con los tantos anotados por el centrocampista Jesús Dátolo (ms.59 y 82). Para el conjunto jujeño, en el que fue expulsado el defensa Federico Acuña (m.73), marcó con un remate de Luis Escalada (m.84). Boca, que sólo marcó diferencias ante su rival en las acciones en que logró sus goles, terminó el encuentro defendiéndose bajo los palos de su portería ante una agobiante presión de Gimnasia, que tiene complicada su permanencia en la primera categoría.

Fuente: Marca

Antes del partido entre River y Arsenal en cancha de Vélez se enfrentaron dos grupos de la barra brava millonaria. Los incidentes continuaron a la salida, con nuevas corridas. Los choques dejaron ocho heridos y cuatro detenidos. Uno está muy grave, en coma farmacológico, pero la Policía, a diferencia de los médicos, dice que no estuvo dentro del estadio.

Otra tarde de violencia en el fútbol argentino. Antes del partido que River le ganó como local a Arsenal en Vélez, dos grupos de la barra brava millonaria tuvieron un nuevo y durísimo enfrentamiento en la tribuna.

Pero la historia no quedó ahí. La salida también fue marcada por el nerviosismo y la tensión, y las corridas se llevaron todo el protagonismo. El saldo es de al menos ocho heridos y cuatro detenidos. De los lesionados, uno se encuentra en gravísimo estado.

El director del SAME, Alberto Crescenti, le dijo a DyN que ese servicio trasladó a tres hinchas al hospital Vélez Sarsfield, uno de ellos con un “traumatismo encefalocraneal grave” llevado luego al Fernández, donde quedó intubado para ser sometido a una tomografía computada. Luego, la Policía aseguró que el caso de este último no tiene nada que ver con lo ocurrido dentro del estadio. Y más tarde, el jefe de guardia del Hospital Fernández, el doctor Juan Carlos Ramarí, confirmó que se encuentra en coma farmacológico.

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Ante un Racing hiperdefensivo, River acumuló tantos delanteros y llegadas como impotencia al definir. Y sin Ortega, tuvo un fútbol Enano: Buonanotte y nada más.

Racing Club

Que Racing no haga un gol, vaya y pase (¿a quién el pase, si arriba no hay nadie?). Pero que River, este River simeonado que pone delanteros hasta en los controles de acceso a la cancha no pueda hacer ni un gol, es inquietante. Porque en seis fechas ya le pasó tres veces. Y porque en ésta, encima, no jugaba ni en Rosario ni en La Plata, y el rival no lo atacó ni con tres ni dos ni con uno. Apenas si lo atacó con el Enano Moralez. O sea, con medio.

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SOLO NUEVE VECES EN TODA LA HISTORIA VENCIO A RIVER COMO VISITANTE

Racing Club

EL ULTIMO TRIUNFO. 7-5-2006. FILEPPI GRITA SU GOL CON SIMEONE, DT DE RACING.

El triunfo que se busca, se acerca pero se niega una y otra vez. La ilusión que se renueva, pero que entiende la dificultad que significa visitar el Monumental, el estadio más esquivo en la historia de Racing. Una victoria cercana, fresca, todavía inoxidable en la memoria colectiva: 7 de mayo de 2006, Claudio Fileppi corría, luego de sellar el 2-0 final, para abrazar a un Diego Simeone eufórico, que por aquel otoño se sentaba en el banco de Racing pero sabía que el regreso de Mostaza Merlo ya era un hecho. Ese fue el último triunfo de Racing sobre River en el Monumental: 2 a 0 con goles de Moralez y Fileppi en la 18ª fecha del Clausura 06. El equipo había emergido con la conducción de Simeone (hoy técnico de River) de una crisis deportiva que derivó en el alejamiento de Fernando Marín para que Fernando De Tomaso tomara la riendas de Blanquiceleste. Un deja vú. Una historia casi idéntica a la actual pero dos años atrás. Una salida que fue la entrada a un círculo vicioso del que no puede salir.

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Por un agónico gol de Rosales y un Carrizo monumental, River se trajo tres puntos de oro de Chile sin jugar bien.

C.A. River Plate

Abreu recién pudo dejar de rezongarle a sus compañeros cuando Augusto Fernández le cedió en bandeja un gol que el Loco debería descontar de su currículum. Era el final de un primer tiempo sin dueño y con pocos interesados en tomar una oferta a precio Indec. Y era un desperdicio para River, que claramente tenía más cash en la Banelco. Tardó el Millo en sintonizar los gritos de Simeone. Es que desde afuera se veía con claridad que ante un equipo liviano de cabeza y de pies era cuestión de tomar conciencia de que las chances estaban ahí. Católica defiende tan mal como River, y no hay punto de comparación en el poder de fuego. Entonces, como pocas veces quizá, el Millo tenía la chance de hacer valer su tan mentado ataque. River generó sus chances con un tiro de Augusto, un pique de Abelairas que no llegó a conectar Ortega y algún revolcón más; y también aportó para que el local llegara un par de veces, y en ambas tuvo que ver Cabral (perdió la pelota en la salida y después marcó al revés a Gutiérrez). Pero Augusto demostró que estaba más despierto que todos y aprovechó un mal despeje para romper el aburrimiento y el marcador, Abreu mediante. Pero River, otra vez, demostró ser un buen católico y por aquello del amor al prójimo se quedó como rezando mientras entre Ailton, Vázquez y Gutiérrez edificaron un linda jugada de pase, centro y definición sin que un jugador visitante estuviera ni cerca de marcar alguna de las tres instancias. Entonces, volvieron los nervios, los pucheros de Abreu porque Alexis le tiró un centro de gol a Ortega y no a él. Con el agravante de que el partido no estaba tan fácil, porque la Católica supo de las debilidades de River y empezó a agredir como nunca antes. Agradezca el equipo del Cholo que los chilenos hicieron más ruido que nueces, y eso que el 80% del segundo tiempo lo jugaron más cerca de Carrizo que de Buljubacich. Con un rival con cierto peso mental y futbolístico la historia hubiera sido otra.

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Aimar, durante un partido en su etapa en River PlateEl presidente del River Plate argentino, José María Aguilar, aseguró que hará un intento a mediados de año para que el zaragocista Aimar regrese al club del que surgió. “Pablo se fue hace mucho y ya tiene que volver”, dijo el dirigente a radio La Red, de Buenos Aires. “Tenemos una buena plantilla, pero algún intento por traer grandes jugadores vamos a tratar de hacer. Pablo ya se fue hace mucho al Valencia, en enero de 2001, y es el momento de que vuelva“, afirmó el dirigente.

“El fútbol está manejado por el fenómeno del dinero y depende de los jugadores. Si yo intento repatriar a un jugador que pretende el mismo contrato que tiene en Europa es muy difícil poder llevar adelante una negociación, pero tampoco me gusta hablar de billeteras ajenas“, indicó.

Aguilar afirmó que “el próximo presidente de River va a poder hacer apuestas audaces. Hace tres años River trajo en la misma temporada al chileno Marcelo Salas, que jugaba en el Juventus, y a Marcelo Gallardo, en el Mónaco, pero vinieron porque tenían situaciones particulares en ese momento”.

Al referirse a Javier Saviola, delantero del Real Madrid, el presidente de River afirmó que “es un cabeza dura, porque que hasta que él no considere que tuvo una buena temporada en Europa no volverá” a Argentina. “El fútbol es muy dinámico y puede pasar cualquier cosa. Está en el jugador que, cuando tiene un buen ingreso decide volver por la familia o por lo que sea. Influyen muchos factores además del económico”, comentó el dirigente.

Fuente: Marca

Al Millo le faltan 9′ para liquidarlo pero al chileno no lo afectó nada la suspensión: asistió a Abreu, metió tres pases de gol y levantó a la gente. Un rayo. River Plate

Es parte de la evolución. Tanto potencial no podía terminar en los caños. Simeone lo sabía, lo sabían todos, lo entendió él mismo. Y Alexis Sánchez, el que creció de golpe, y a los golpes por tanta gambeta, tanto amague, tanta cintura partida y rostro rival rojo de vergüenza, una tarde de febrero dejó de ser el Niño. Porque a sus Maravillas les sumó un baldazo de conceptos, en una tarde que arrancó con sol y que terminó con un tornado, con el chileno incontenible para San Martín de San Juan.

Saber, sabe. Pero cuando la función es unipersonal, y la habilidad innata lo transforma en egoísta, el chileno pierde, y pierde River. Con mucha paciencia y especial insistencia (hasta hubo trabajos específicos), el técnico buscó abrirle la cabeza. Y al equipo se le abrió un gran mapa de variantes ofensivas.

Con flamantes botines anaranjados (Nike lo eligió como embajador para Sudamérica, el mismo rol que cumple el portugués Cristiano Ronaldo a nivel global), bastaron un par de minutos para comprobar que tanta insistencia del Cholo y tantos consejos de sus compañeros no le habían resbalado: Sánchez mostró un notable desequilibrio en el mano a mano frente a Ariel Franco, sí, pero no agachó la cabeza después de dejarlo clavado con un amague, sino que abrió los ojos para asistir con mucha categoría a Abreu para el 1-0. Levantó al equipo, como antes había levantado a los hinchas con esos saltitos por encima de la pelota que desconciertan a los rivales, o con esas persecusiones insoportables para recuperar siete pelotas.

“Chileeeno, chileeeno”, lo acarició la gente a los cinco minutos de juego, al final del primer tiempo, cuando en la segunda etapa atosigó a medio San Martín y la asfixia culminó con un lateral a favor, y hasta luego de ver la amarilla por tirarse a los pies de Brusco. El Niño Maravilla, niño mimado, también generó la infracción que derivó en el 3-1. Y no se quedó en el chiche: lindo pase para Abreu (definió mal en el segundo palo), un tic a lo Ortega para Ortega (tapó Medrán) y otro tomá y hacelo, entre cuatro piernas rivales, para el Burrito, que definió con doble pifia.

El partido no terminó, pero Alexis ya ganó. Tan lúcido de ideas como de piernas. Este no es el chileno que “a veces es muy individualista”, como lo retaba Simeone. Es el que, como avisaba el Cholo, “te gana partidos”. Y si sos rival, te desarma. Y si sos hincha, te obliga a empaparte… de fútbol.
Fuente: Olé

Ortega apareció cuando River se caía: hizo el gol del triunfo sobre la hora, que mantiene al equipo vivo y en carrera.

Ariel Ortega

Es imposible determinar en cuántas cosas puede pensar un jugador a punto de definir una jugada decisiva. Más si falta poco, el equipo viene fallando y está por perder un par de puntos importantes.

Quizá, de tantas cosas, en realidad termina pensando en nada, poniendo la mente en blanco y concentrando toda la energía en la ejecución. Aparecen montones de lugares comunes (grandes verdades, según dijo alguna vez Ernesto Sábato), pero le pegó con alma y vida es uno que grafica el furibundo puntinazo de Ariel Ortega. Un derechazo de tan fuerte impulso que también levantó su pie de apoyo y lo dejó suspendido en el aire por una fracción de segundo, ésa en la que River recuperó el oxígeno y el ídolo, la alegría. La “o” extendida por el grito de gol se fusionó con la “O”, con mayúsculas, la de “Orteeeeega, Orteeeeega” que rápidamente retumbó en un Monumental angustiado que hacía catarsis.

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