Dios está en todas partes, dicen, pero ¿atiende en Boedo? Parece, porque en el Monumental se vivió algo de no creer. River ganaba cómodo 2 a 0, con muchísima ventaja por las expulsiones de Rivero y Botinelli. La clasificación a los cuartos estaba en el bolsillo, hasta que Bergessio clavó dos goles y se vino el mundo abajo en las tribunas locales. La Liga de Quito es el próximo rival del equipo de Ramón.
Nervios y más nervios abundaron en la previa a esta revancha por los octavos de final. La derrota en el Superclásico había dejado a River más necesitado que a San Lorenzo. Es que si bien el gran objetivo que se trazó el equipo de Ramón Díaz en el inicio del semestre fue levantar la Copa Libertadores, el clima en Núñez cambió bruscamente en la última semana tras las caídas en el Nuevo Gasómetro y en la Bombonera, y el ciclo Simeone tuvo que superar las primeras piedras en un camino que, hasta ahí, venía despejado.
Simeone decidió cambiar el planteo que tan mal resultado le dio en la Bombonera y dispuso un 4-4-2 más clásico. Así, dejó afuera a Ortega, Alexis Sánchez y Rosales, y respecto al partido en el Nuevo Gasómetro mandó a la cancha a Buonanotte por Archubi. Por el lado del Ciclón, la cosa venía más tranquila porque más allá de que la victoria en la ida ya le daba cierto aire, la reacción en La Plata, frente a Gimnasia, que le permitó alcanzar a River y a Estudiantes en la punta del Clausura, significó el envión final para llegar de la mejor manera a la revancha. El panorama lucía más claro para Ramón Díaz, quien metió una sola variante en relación al primer chico: Bottinelli por Aguirre.
Y San Lorenzo arrancó mejor. Porque D’Alessandro se adueñó de la pelota y llevó a su equipo bien arriba y obligó a River a tener que acurrucarse cerca de Carrizo. Justamente el Cabezón fue el que tuvo la primera clara del partido, a los 7′, cuando a la salida de un córner sacó un remate muy potente a media altura que el arquero millonario logró rechazar. Hasta ahí todo se estaba dando como lo había imaginado Ramón.
