La derrota con Boca hizo resurgir un problema que afecta a River en los momentos calientes. El silencio del DT y los referentes es un síntoma más del vacío.Y no hay margen: el fuego sagrado debe aparecer el jueves. Sigue en la Copa o vuelven los fantasmas…?

C.A. River Plate

Las derrotas generan interrogantes. Y mucho más si se producen en instancias decisivas, calientes. Por eso, como sucede desde hace cuatro años en las caídas bruscas de River, aparecen las preguntas. ¿Hay líderes en este plantel? Tuzzio, Ortega, Abreu, Gerlo, Ferrari y Ponzio son referentes en el vestuario, ¿pero lo son adentro de la cancha? ¿Quién se plantó en la Bombonera para marcar el rumbo del equipo? ¿Alguien se hizo cargo de la pelota? ¿Por qué la autocrítica es tan light que ni siquiera Simeone, el conductor, hizo una charla grupal después de las dos derrotas seguidas?

El plantel de River intenta transmitir una imagen de entereza anímica para afrontar la revancha contra San Lorenzo por la Copa. Sin embargo, la “huída” en silencio de la Bombonera reflejó otro semblante. Los Comizzo, Berizzo, Astrada, Ameli o Gallardo enseguida ponían la cara y no tenían reparos en admitir que “fuimos un desastre”. En este grupo, el único que alguna vez empleó esas palabras es Ortega. Abreu, Ponzio y Ferrari generalmente toman la palabra, aunque en otro tono: tratando de rescatar aspectos positivos, con una autocrítica liviana. Este perfil, claro, queda en evidencia en situaciones como la derrota del domingo. ¿A ningún referente le preocupó que River haya llegado una sola vez al arco de Boca? Si a alguien le preocupó, no se notó. Ni en la cancha, ni afuera.

Es cierto que los mismos jugadores que perdieron en La Boca fueron los que el año pasado bailaron al equipo de Russo en el Monumental con una actitud totalmente diferente. Pero también es cierto que Ortega era otro Ortega. Aquel Burrito estaba mejor físicamente y se sentía líder; el de hoy sabe que jugó ante Boca por la presión que su apellido y su historia en los clásicos ejercieron sobre el técnico. Tuzzio es el de siempre, el que necesita un grito de Nasuti (en el 1-1 del año pasado en La Boca) o de Carrizo (el domingo) para salir del área o el que levanta la voz sólo para pelearse con los rivales. Otra diferencia con el clásico anterior es que el luchador Ponzio jugó como lateral izquierdo, y Ferrari y Belluschi aportaron una gran dinámica, sumada a la garra de Ahumada, un “capanga” en la cancha (así lo definió Passarella) pero muy silencioso afuera.

La falta de caudillos es un déficit que Simeone heredó y que viene de mucho más arriba, porque desde la dirigencia (en complicidad de los cuerpos técnicos anteriores) no supieron cómo reemplazar a Gallardo y Ameli, los últimos líderes. También las ventas masivas atentaron contra la consolidación de referentes. Por ejemplo, cuando Mascherano se afianzaba como jefe, se fue. Hoy, Carrizo tiene personalidad para ocupar ese rol, fue el único que transmitió huevos desde el arco en La Boca, pero ya se va…

Así, la figura del líder recae exclusivamente en el técnico. Le pasó al Kaiser y ahora a Simeone. Por eso el Cholo sufre la falta de un referente futbolístico como tenía en Estudiantes con Verón. Cuando arregló con River, sabía que llegaba a un equipo mentalmente frágil. Tal vez pensó que era un tema superado, pero rebrotó en el momento más trascendental del semestre. Y la reacción del técnico fue el silencio…

¿Dónde están los líderes de River? Si los hay, deben aparecer el jueves.

Fuente: Olé

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