El Liverpool se transformó en una competición hecha a su medida, en la que pocos saben competir como lo hacen los de Benítez. Los ‘reds’ cambiaron el guión, agarraron una justa y clara ventaja y golpearon a un Inter lamentable, rácano hasta la extenuación. El castigo llegó demasiado tarde, pero los tantos de Kuyt y Gerrard hicieron justicia ante el empuje de un Liverpool con personalidad y conocedor de sus virtudes y defectos.
La expulsión de Materazzi, cuando se llevaban 29′ de partido, extremó la estrategia de un Inter que sabía a lo que venía. Los de Mancini se fijaron como meta el cerrar espacios en su territorio, marginando y olvidando a sus dos puntas, Ibrahimovic y Cruz. Los locales, por su parte, se vieron obligados a tomar los mandos, algo que no les gusta demasiado, pero se adaptaron a los elementos y sacaron petróleo al borde del final.
El Liverpool apretó los dientes y palpó el miedo de un enemigo que le dio todo el campo sin miramientos. Los de Benítez vieron el muro y les costó derribarlo, pero se empeñaron y lo consiguieron. Cuestión de valentía y confianza.
Materazzi, desquiciado y expulsado
La expulsión de Materazzi dejó a los interistas con uno menos físicamante, pero no mentalmente. Las ideas de Mancini se intensificaron. Maxwell retrasó su posición y Chivu se colocó al lado de Córdoba. Torres, muy activo, fue la víctima de un Materazzi que acabó desquiciado demasiado pronto y que, tras dos entradas por detrás al madrileño, se fue a la caseta.
Mancini, ya en la segunda mitad, se echó aún más la manta. Cruz dejó su sitio a Vieira para fortalecer una zona ancha sin cerebro, preparada para su única función de la noche. El Liverpool, tras esa primera parte impetuosa pero inocente de cara a puerta, abrió el muro tras vestuarios por todos los lados. El premio final se hizo esperar.
Cimientos derruidos
Dos misiles a ras de césped de Torres y un cabezazo de Hyypia congelaron el corazón interista. Benítez, viendo el desarrollo del asunto, pensó en Crouch para derribar a un Inter que soñará con el ‘15′. El espigado pero inteligente y hábil ingles se puso el mono de albañil y trastocó los cimientos ‘neroazzuri’.
Crouch creó problemas de todo tipo, por las alturas y de espaldas a portería, abriendo huecos a los otros dos puntas, Kuyt y Torres. Precisamente, por las infinitas piernas de Peter pasó el centro de Finnan que originó el primero. El lateral ‘red’ colgó un balón al área que acabó, después de traspasar la defensa visitante, en los pies de Kuyt. El holandés, con algo de fortuna, batió a Julio César con un remate violento, que botó en el verde y besó las redes.
Los de Benítez no se conformaron y, justo sintiendo el final del partido, hicieron el segundo. Gerrard se sacó un derechazo marca de la casa que resucitó a un Liverpool que se maneja a la perfección en el alambre. Le pone jugarse la vida al todo o nada. El Inter se verá obligado a reflejarse en valentías ajenas para no decir adiós a una Champions que le acerca a su final por méritos
propios.
Fuente: Marca
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