River falló ante la Universidad de San Martín, otro chico que lo deja de cama. Es el primer gran aplazo para Simeone.
Chiste fácil pero realista al fin. Así, jugando como jugó ante la Universidad de San Martín, River se va a marzo, repite, lo bochan y no le queda otra que copiarse… No a sí mismo porque caería en una lección autodestructiva.
La sensación es irrefutable: ayer este equipo fue similar al del año pasado, al que quedó eliminado en la primera fase de la Libertadores. Con otro esquema, otro técnico, otra idea y lo que sea, mantuvo la ingenuidad defensiva, no tuvo control de pelota y, ante la adversidad, entró fácilmente en un desorden que finalizó en caos. También, ante el mínimo tropiezo, no reaccionó y si ganó el 5% de los rebotes es mucho.
El verano terminó antes para River, abruptamente en realidad. Porque el debate sobre el sistema vuelve a un punto de ebullición. Simeone apuesta al desequilibrio mano a mano y a un fútbol vertical, pero le ganó a Gimnasia de Jujuy por dos goles de pelota parada y en Perú dependió casi exclusivamente del 1,93 metro de Abreu. Y no es que haya apostado al centro a la bartola desde cualquier sector: lo usó por necesidad. Como River no desequilibró en el uno a uno y cayó en un embudo, el bochazo al uruguayo se transformó en un arma única, previsible e ineficaz.
Cualquier equipo de fútbol necesita la pelota y River la encontró pero no la supo administrar. Fue al frente y chocó de frente. No hubo pase horizontal ni pausa para generar un espacio. Ortega, el más capacitado para hacerlo, no funcionó. Los externos debieron recorrer mucho terreno y perdieron lucidez para resolver. Augusto generó desequilibrio por los costados y se perdió como doble cinco. En esa ambiciosa búsqueda, el supuesto trío conductor no condujo y varias veces cerró jugadas con sus tres integrantes amontonados en un mismo rincón.
Para colmo, esa misma defensa que el Cholo elogió el domingo esta vez se asustó hasta de sí misma. Cada pelota que pasó cerca del área fue una invitación al tren fantasma. Tuzzio perdió un cuerpo a cuerpo con el chiquitín García, perdió a Ovelar en el 1-0 y perdió el control en esa pelota que dejó corta y salvó Carrizo. Y Cabral dejó en evidencia una lentitud peligrosa para un zaguero que debe lidiar con muchos metros a sus costados.
Los peruanos empezaron a ganar el partido a espaldas y a los costados del doble cinco (no fue acertada la salida de Domingo). Muy inteligentes García y Leguizamón, un peligro latente Ovelar y un lujo el gol de José Luis Díaz… Demasiado para un River que intenta renacer, pero dio el segundo paso y perdió con un equipo que tiene cuatro años de vida, como ya perdió con Caracas, Godoy Cruz, Paulista, Tigre, otra vez Caracas…
No es ningún chiste. Así, con tantas caídas insólitas, River sigue con su master en papelones.
Fuente: Olé

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